China ha pasado a ser, “oficialmente”, la segunda potencia
económica mundial, desplazando a Japón. Es extraño que no se analice esto con
más intensidad y profundidad en un país como el nuestro, tan vinculado y
dependiente del comercio y de las relaciones internacionales.
Lo cierto es que estamos frente a uno de los hechos más
relevantes de la historia moderna. Ya son muchos los analistas que están
convencidos que China camina aceleradamente a ser la primera potencia en sólo
unos años más, superando a los EE.UU. y dando por clausurado un período de la
historia abierto en la post Segunda Guerra Mundial.
China ha venido experimentando un crecimiento económico
espectacular desde comienzos de los años 80 y no ha perdido el dinamismo
logrado. Sus tasas de crecimiento promedio son del 10 % anual en los últimos
30, haciendo que la economía crezca en ¡11 veces en ese período! Este año se
estima que puede crecer a más del 8% anual. Según estudios de hace unos años,
la porción de China en el PIB mundial (en paridad de poder adquisitivo) ha
aumentado desde el 3,4 % en 1980 al 15.4 % en 2005 y debiera estar llegando al
16.6 % durante el presente año, para llegar al 19.4% en 2020, mientras EE.UU.
representaría 19.0% y la UE 19,1%. Medidos en dólares corrientes, esta
situación descrita se retardaría unas décadas más pero, manteniéndose las
tendencias de las últimas décadas, China igualmente se convertiría en la
primera potencia económica mundial.
China es no sólo la nación más poblada del mundo sino es ya
hoy el mayor exportador mundial, el mayor consumidor de materias primas (para
gran beneficio de nuestro país y de otros países exportadores de éstas), el
mayor consumidor de energía y, lamentablemente, también tiene el primer lugar
como emisor de dióxido de carbono. Tiene asimismo las mayores reservas
mundiales en divisas y una capacidad de acumulación anual enorme debida a sus
superavits comerciales.
Un factor no menos relevante es el impacto social de esta
espectacular expansión. Aunque el punto de partida pueda ser relativamente
bajo, dirán algunos, lo cierto es que en China se experimenta un enorme cambio
en las estructuras sociales mediante la creación de una poderosa clase media
con acceso a niveles de consumo comparables o superiores a los sectores
sociales equivalentes en Occidente, con la diferencia de que su nivel de vida
previo al proceso de cambios era inferior y a que la magnitud cuantitativa de
las familias que se incorporan a ese consumo es realmente enorme. Al mismo
tiempo, son notables las cifras de reducción de la pobreza donde en los 20
primeros años de este salto en el crecimiento se ha reducido del 63.8% al
16.6%, con notables mejoras en prácticamente todos los indicadores sociales. El
nivel salarial se ha incrementado también de manera notable lo que incrementa
el mercado interno, aunque también comienza a poner en cuestión uno de los
fundamentos del éxito exportador: sus bajos costos salariales.
Sin embargo, no es menor otra ventaja que se ha ido
generando a la par con este salto en el crecimienmto. Se ha creado y/o mejorado
una notable infraestructura que, continuando como proceso los próximos años, se
puede constituir en un factor que tienda a contrarestar la pérdida de
competitividad por la vía del incremento de salarios.
El crecimiento económico ha ido, asimismo, a la par con un
serio y razonable manejo de la macroeconomía, con niveles de déficit público
relativamente bajos, superávits en cuenta corriente muy altos y niveles
inflacionarios bastante bajos, aunque observemos ciertos nubarrones en el
horizonte.
Se habla mucho de que ya dentro de poco el yen chino será
considerado moneda dura y medida de negocios por lo menos en las esferas de
comercio con China, con las relevantes consecuencias que esto implicaría.
Recordemos que no hace más de 13-14 años se “ninguneaba” al Euro y, más allá de
las dificultades que éste tiene en su consolidación mundial, es innegable que
es un factor a considerar y en tendencia a crecer en su importancia, una vez
superada la crisis actual que atraviesa la llamada zona Euro.
Hay muchas dudas respecto a la seriedad de sus estadísticas
y, lo que es más importante, la posibilidad de que su economía pueda mantener
su dinamismo en el futuro. Lo cierto es que, hasta ahora, China ha logrado
mantener sus niveles de crecimiento y dinamismo a pesar de las dudas de los
críticos y de las últimas crisis mundiales. También es cierto que la economía
china, junto con la de la India y la de Brasil, como ejes del llamado BRIC, son
las que están manteniendo el dinamismo de la economía mundial. Mientras las
economías industrializadas del norte crecerán al 2.4% este año y 1.9% el año
próximo, los BRIC crecerán al 9% en ambos años, según muchos observadores.
China podrá tener muchos problemas, pero que la fuerza y el
ritmo de expansión y cambio social es espectacular, no genera ninguna duda. Y
es ésa la realidad que deberemos considerar para nuestros escenarios
internacionales.