Los años de la
recuperación
La guerra dejó a Japón en un estado de devastación total:
millones de desocupados, viviendas e industrias destruidas y una inflación
galopante. Las pérdidas materiales rondaron la cuarta parte de su riqueza
nacional. Sin embargo, Japón contaba también con algunas condiciones favorables
para su reconstrucción. La enorme desocupación indicaba la disponibilidad de
una gran cantidad de mano de obra, y la industria bélica había elevado el nivel
tecnológico y la capacidad productiva de la nación. Finalmente, el Japón de la
posguerra contó con la ayuda norteamericana. Como consecuencia de la Guerra
Fría y de la Guerra de Corea, los Estados Unidos decidieron favorecer el
crecimiento de Japón con el fin de contar con un aliado fuerte en Asia.
En este contexto, los japoneses otorgaron prioridad a la
reconstrucción de la industria. En 1946 se crearon el Consejo de Estabilización
Económica, con el fin de coordinar la producción, y el Banco de Reconstrucción,
que debía canalizar las inversiones hacia determinados sectores industriales
A partir de 1951, el Banco de Desarrollo otorgó créditos a
bajas tasas de interés. El Ministerio de Industria y Comercio Exterior, creado
en 1949, impulsó la formación de grupos empresariales en torno de los bancos:
los keiretsu. La mayor parte del capital necesario para la inversión industrial
provino del sector privado.
El aporte del gobierno consistió en la concesión de
préstamos a los bancos privados y en la provisión de infraestructura
(construcción de carreteras y ferrocarriles). De este modo, hacia mediados de
la década del ‘50 ya estaban echadas las bases para el crecimiento industrial
japonés.
Sobre la base de estos estímulos, la industria japonesa
comenzó su expansión. En 1948, el índice de producción industrial (tomando como
base el de los años 1934-1936=100) estaba sólo en 55. En 1955 había trepado a
181; y en 1960 se disparó a 410.
Los años del
crecimiento
En 1961, el primer ministro japonés, Ikeda Hayato, presentó
un programa que se fijaba el objetivo de duplicar la renta nacional en un plazo
de diez años. El plan se basaba en una expansión de las exportaciones a un
ritmo cercano al 10% anual. Los principales rubros exportados eran maquinaria y
químicos; los principales compradores, los Estados Unidos, Europa occidental y
los países del Sudeste Asiático. Los índices del comercio exterior japonés
(1965= 100) revelan que de 1960 a 1970 hubo un crecimiento de 43,9 a 200,8.
En la década del ‘60, la economía japonesa se caracterizaba por
el predominio de un número relativamente pequeño de fabricantes a gran escala,
algunos de los cuales se hallaban dentro de keiretsu como Mitsubishi, Mitsui y
Fuji. Estos fabricantes se destacaban en sectores básicos como el siderúrgico,
el naviero y el minero, aunque también eran fuertes en las finanzas y el
comercio.
En forma paralela fueron surgiendo empresas con líneas de
producción relativamente nuevas, como artículos eléctricos, electrónicos y
automóviles: entre ellas figuraban, por ejemplo, Hitachi, Toyota y Nissan.
Durante esta fase también recibieron un gran impulso los
productos que requerían una tecnología avanzada y fuertes inversiones de
capital: acero, petroquímica, artículos de consumo como cámaras fotográficas,
televisores, motocicletas y automóviles.
Entre 1973 y 1975, la crisis del petróleo —Japón importaba
casi todo el petróleo que consumía— produjo un período de recesión de la
economía japonesa. Sin embargo, Japón siguió siendo el país con el mayor
crecimiento económico del mundo.
Japón, potencia
económica mundial: En la actualidad, el poder económico de Japón se basa en
tres pilares: su capacidad industrial, su importancia comercial y el dominio
sobre los mercados financieros.
Japón es la tercera potencia industrial del mundo. Junto a
los Estados Unidos, es el líder de la producción de alta tecnología
—electrónica e informática, industria aeroespacial, biotecnología, óptica,
mecánica de precisión—. A la vez, mantiene el primer lugar en la producción
automovilística y naviera.
En el aspecto comercial, Japón exporta manufacturas e
importa energía, materias primas y alimentos. Su éxito comercial se basa
fundamentalmente en el bajo precio, la alta calidad de sus productos y en la
protección del mercado japonés. Además, Japón es la primera potencia
financiera: es el segundo inversor en el mundo y las empresas japonesas se
extienden por todo el planeta. La bolsa de Tokio es la primera por el volumen
negociado y los bancos japoneses ocupan los primeros puestos mundiales.
Pero después de un tiempo China ganó el puesto de las Segunda potencia mundial.
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